Mickey Rourke y Carré Otis: una obsesión sin final

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Mickey Rourke y Carré Otis
Mickey Rourke y Carré Otis

A fines de los 80, Mickey Rourke era uno de los actores más famosos. Ex vagabundo, ex lustrador de zapatos y habitué de todos los bares de mala muerte de Nueva York, se declaraba un pesimista depresivo que solo actuaba para conseguir mujeres más rápido

UNA PROPUESTA DE BODA CON LA AMENAZA DE UN HARAKIRI

Mientras que Rourke tuvo una infancia difícil debido a que su padrastro lo maltrataba, Carré Otis, era la burla de sus compañeros por su dislexia. Eligió defenderse atacando. “Ya que me iban a etiquetar, decidí que esa etiqueta la elegiría yo: iban a conocerme como la rebelde o la problemática, pero nunca más como la lenta”.

Gerald Marie, su representante, la introdujo en la cocaína, también abusó sexualmente de ella. Carré había cumplido 17 años; él tenía 42. Cuando ella logró decir basta, la echó de su casa, le anuló los contratos. Otis volvió a su país.

Mientras Otis vivía su infierno, Rourke comenzaba su camino en el cine. Su debut fue con la película 1941, el único fracaso en la carrera de Stephen Spielberg. Siguió con Dinner donde la duda era si actuaba o se imitaba ya que su personaje era un bad boy, vago, jugador y mujeriego. En 1985 fue un duro capitán de detectives neoyorquino en Manhattan Sur. En 1986 llegó Nueve semanas y media, la película que se convertiría en su mayor éxito comercial y lo transformaría en un sex symbol global. Siguió con Corazón satánico y entonces apareció Orquídea salvaje: Rourke pidió que su coprotagonista fuera Otis.

La película fue fiasco, las críticas la destrozaron asegurando que era “Nueve semanas y media para pobres”. Pese al fracaso, Otis sintió que había alcanzado una vida de cuento de hadas: vivía en una casa preciosa y estaba de novia con un actor megafamoso y realmente poderoso. Pronto comprendió que ese mundo idílico estaba maldito.

Como contó Carré en Beauty Disrupted: A Memoir (Belleza rota: Autobiografía) estaba cenando con Rourke en un restaurante cuando descubrió que al lado de su pie había una Magnum 357. Le pidió que sacara el arma de su vista y a él no se le ocurrió mejor idea que esconderla dentro del bolso de su novia… sin avisarle. Ya sabemos que a las armas las carga el Diablo. En su casa, Otis dejó la cartera y la pistola -que no tenía puesto el seguro- se disparó. Una bala le atravesó el tórax y por milagro no la mató: pasó a cinco centímetros de su corazón.

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Carré supo que su vida estaba en peligro y no por esa bala. Juntó fuerzas y decidió dejarlo.

El 25 de junio de 1992, una limusina apareció por la casa de Otis en Los Ángeles y la llevó hacia el norte por la costa hasta Big Sur. En un momento el auto se detuvo junto a un hot rod 69 Road Runner modificado, donde, sentado sobre el capó, estaba Rourke. Apenas la vio balbuceando le aseguró que la amaba, la extrañaba y necesitaba. Luego se puso de rodillas, le mostró un anillo de compromiso y le rogó: “Cásate conmigo”.

Su cerebro gritaba “no”, pero una vez más y atrapada en esa relación, Carré respondió que “sí”. Se casaron al día siguiente en San Francisco

Atrapada, sin poder distinguir entre lo que quería, lo que sentía, lo que podía y lo que debía, lo que enfermaba y lo que liberaba, en 1994 Otis denunció que su marido la había tirado al suelo y golpeado. La policía presentó cargos, pero a último momento ella decidió no declarar. “Fue muy difícil salir de ese matrimonio. Pero tenía la certeza de que tenía que hacerlo si quería sobrevivir, crecer y prosperar. El primer paso fue darme cuenta de que necesitaba apoyo. No podría hacerlo sola”, explicaría muchos años y muchas lágrimas después en una entrevista.

La pareja finalmente se divorció en 1998. Otis comenzó un largo camino de sanación. En el año 2000 se sometió a una cirugía cardíaca que sanó mucho más que su corazón.. Cambió sus hábitos de alimentación. Hoy luce orgullosa su talle 44 y si la llaman para algún trabajo solo pone una condición: no bajar de peso.

No fue en una cita a ciegas ni en una app que conoció a su esposo y gran amor, Matthew Sutton, sino en un supermercado de comida orgánica. Se casaron en 2005 y desde entonces ella dejó de usar su apellido. Ahora elige que la llamen Otis Sutton. Con su esposo vive en una granja en California junto a sus hijas.

El año pasado demandó a Gerald Marie por violación. Porque los años pueden haber pasado, pero el delito, no.

Después del divorcio, Rourke confesó que durante diez años todas las noches llamó a Otis para que volviera. Dicen que en un acto de locura, ante el no de ella, en el 2006 el actor se automutiló.

Es que, como aprendió Otis, irse de una relación violenta requiere valor, pero siempre será menos doloroso que quedarse.