Omar Menéndez: el político que fue elegido alcalde horas después de ser asesinado

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Omar Menéndez el político que fue elegido alcalde horas después de ser asesinado
Omar Menéndez el político que fue elegido alcalde horas después de ser asesinado

Omar Menéndez, de 41 años, ganó el domingo las elecciones a la alcaldía de la ciudad costera de Puerto López, a unos 150 km al noroeste de Guayaquil. El candidato de Revolución Ciudadana (el partido izquierdista del expresidente Rafael Correa) recibió el 46,22% de los votos frente al 21,41% de su mayor rival, el actual alcalde Javier Pincay, en esta localidad de unos 20.000 habitantes.

EL CANDIDATO A LA ALCALDÍA DE PUERTO LÓPEZ, ECUADOR ULTIMABA PREPARATIVOS CUANDO FUE VICTIMADO

Menéndez no pudo celebrar la victoria porque lo mataron horas antes de que abrieran las urnas en las elecciones seccionales del 5 de febrero.

Hombres armados irrumpieron en la tarde del sábado en la sala donde el candidato ultimaba los preparativos de la jornada y abrieron fuego. En el ataque también murió un adolescente de 16 años y otras dos personas resultaron heridas.

Padre de dos hijos, Menéndez era administrador de empresas y operaba negocios en el sector de las telecomunicaciones e informática. Tras su victoria póstuma en las elecciones se otorgará la alcaldía a otro representante de Revolución Ciudadana en Puerto López.

 

El auge de los sicarios

La policía investiga el posible motivo del crimen, uno más en la cada vez más grave ola de delincuencia asociada al crimen organizado que sufre Ecuador. Luis Córdova-Alarcón, coordinador del programa Investigación, Orden, Conflicto y Violencia de la Universidad Central del Ecuador (UCE), advierte de que se ha generalizado el uso de sicarios como arma política y económica.

Se han multiplicado las pandillas callejeras que venden sus servicios de sicariato al mejor postor, y ese mejor postor puede ser desde un oponente político que quiere quitarse de en medio a un opositor hasta organizaciones criminales que apuntan al control de ciertos espacios locales“, explica.

Y es que Menéndez no fue el único político asesinado antes de las elecciones.

Dos semanas atrás también mataron a tiros al aspirante a alcalde de la localidad costera de Salinas, Julio César Farachio. La policía arrestó a un sospechoso del asesinato, que había amenazado previamente al candidato de 45 años.

El sospechoso había sido liberado recientemente de prisión tras cumplir una condena por narcotráfico, según medios locales. A estos casos se suman las amenazas durante la campaña a numerosos candidatos, que en muchos casos tuvieron que usar escolta policial para salir a la calle.

A medida que crece la violencia criminal y su impunidad ante un Estado incapaz de resolver los homicidios, se abre una brecha para que el sicariato se convierta en una herramienta política de control social contra opositores, oponentes, líderes sociales y activistas“, analiza Córdova-Alarcón.

 

Más violencia en puertos y costas

La violencia del crimen organizado se ha arraigado más en las localidades costeras, desde Guayaquil hasta Esmeraldas, pasando por las dos ciudades donde se produjeron los asesinatos de los candidatos antes mencionados.

El profesor de la UCE destaca el importante rol de las organizaciones delictivas vinculadas al narcotráfico que se disputan el control de puertos y rutas para el tráfico de drogas, principalmente cocaína.

“Puede que ocurra una disputa entre dos organizaciones por viabilizar un puerto como vía de acceso a una ruta del narcotráfico y que cada uno de los candidatos a la alcaldía de un cantón estén inmiscuidos con una de las organizaciones rivales”, afirma, a modo de hipótesis que explicaría algunos de los casos de violencia política en la región.

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El académico asegura que hay unos 120 puertos informales en toda la costa oeste de Ecuador que escapan al control del gobierno. Desde estos puntos los narcos sacan la mercancía -sobre todo droga, aunque también especies nativas, personas traficadas o armas- en lanchas para cargarla en embarcaciones más grandes en alta mar.

Y ahí es donde las organizaciones criminales, explica, tejen sus redes con las administraciones locales. Esto les permite, por ejemplo, “acceder al lavado de dinero a través de la contratación pública que realizan los alcaldes de los cantones pequeños, o manejar la logística en esos cantones para transportar mercancías y personal”.