Ana Estrada “La búsqueda de la eutanasia me ha dado una razón para vivir”

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Ana Estrada
Ana Estrada

Luego de luchar por dos años, la peruana Ana Estrada (44) logró que un juzgado de la Corte Superior de Justicia de Lima haga respetar ante el Ministerio de Salud su decisión de ponerle fin a su vida con la eutanasia. Sin embargo, eso no significa que vaya a realizarlo en los próximos días.

LA MUJER QUE LOGRÓ QUE LA JUSTICIA DE PERÚ LE RECONOZCA SU DERECHO A LA MUERTE ASISTIDA

Aunque en el país está prohibido y se considera como delito el mortal procedimiento, el tribunal consideró que en su caso es especial debido a que se ven “afectados los derechos a la dignidad, autonomía, libre desarrollo de su personalidad y de la amenaza de no sufrir tratos crueles e inhumanos“.

Polimiositis es la rara enfermedad que padece la psicóloga de profesión, la cual es incurable, pero tratable. La misma debilita todos los músculos de su cuerpo e impide que se pueda mover con facilidad. Desde hace cuatro años perdió su autonomía y depende de unas enfermeras en todo momento.

Ella pasa unas 20 horas del día postrada en una cama y puede hablar con gran esfuerzo. Su mal degenerativo cada vez empeora, se vuelve complicado y la debilita. Ahora, con la muerte asistida, ella podrá decidir cuándo morir para que su cuerpo no sufra por los complejos tratamientos que se le aplican.

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Desde 2019 maneja su blog llamado “Ana busca la muerte digna” en el cual publica algunas de sus fotografías, escribe sobre sí misma y comparte distintos pensamientos. También habla sobre su derecho a la libertad y los pasajes de su vida en cuanto a los procedimientos médicos por los que pasa.

Tuvo que elegir entre vivir o morir

A lo largo de los años, Ana vivió tiempos muy duros con su conflicto interno. Estuvo deprimida y quería ponerle fin a todo, incluso le pidió ayuda a sus propios padres para que la ayuden, pero cambió de parecer. Pensó mucho en ellos, quienes luchaban para darle la mejor comodidad pese a su padecimiento.

Cómo quisiera poder hacerlo y no pedírselo a nadie“, era lo que pasaba por su mente. En 2016 fue sometida a una traqueostomía, una intervención quirúrgica en la que abren su tráquea para que un tubo pueda facilitar el ingreso de aire a sus pulmones, y su estado mental empeoró. Lloraba y nadie podía consolarla.

Las ganas de estar presente para su familia pudieron nublar sus oscuras ideas. Ahora se encuentra más lúcida que nunca y su perspectiva sobre estar viva es otra. Para ella, tener una vida digna es tener libertad, autonomía decisión sobre uno mismo hasta el punto de determinar cuándo uno desea morir.

Siente que también pudo decir que su batalla fue por su muerte, pero no quiere hacerlo ahora y los suyos la respaldan. Ellos siempre la estuvieron de su lado desde un principio y cree que también lo harán cuando ella ya no pueda confrontar más su enfermedad, pues lo ve como un gesto de desprendimiento.

Estrada piensa que para sus parientes fue un”te amamos tanto, que, si tú quieres esto, te vamos a apoyar. Así como te apoyamos buscando tratamientos, luchando por tu vida, también vamos a luchar contigo por esto (la muerte)”. Por ello es que ya estarían preparados para cuando llegue ese día.

Decidirá hacerlo tarde o temprano

Paradójicamente, para la activista Ana, luchar por una muerte digna le dio un motivo para vivir. Señala que fue gratificante y la motivó el estar en constante batalla por su deseo. Señala que “sí lo voy a usar (la eutanasia), por cómo me siento”, pero si al final lo usa o no, “ya sabré qué hacer”.

En base a otros testimonios que conoce, muchos no lo usaron porque la misma libertad da el poder de aguantar todo el dolor y sufrimiento. “Sabes que, en cualquier comento, si tú lo deseas, ahí está la carta”, precisa. Asimismo, con su logra ha generado un procedente para futuros casos similares al suyo.

Cabe resaltar que cuenta con varios tatuajes sobre alas y flores, los cuales representan la libertad y la vida. Su fascinación por quererse y aceptarse la llevaron a protagonizar fotografías desnudas de ámbito artístico. Precisamente, una fotógrafa le dijo que ese erotismo no es más que ganas de seguir viva.